Hay pocos lugares en el planeta donde se puedan ver tantas aves en tan poco espacio. Este es uno de ellos, y está a media hora de los rascacielos. El Parque Nacional Soberanía protege la selva que abraza al Canal, y en ella habitan cientos de especies: tucanes, trogones, momotos, gavilanes, y con suerte y silencio, el águila arpía de los cuentos. Durante cuatro horas caminarás sus senderos —entre ellos el legendario Camino del Oleoducto— junto a un ornítologo experto que no solo identifica cada canto: te enseña a escucharlo. No hace falta ser un observador experimentado. Hace falta madrugar, guardar silencio y dejar que la selva haga el resto. El lujo aquí no es el confort. Es ver lo que casi nadie llega a ver.