Hay un lugar en el Pacífico donde el océano sigue siendo como era antes de nosotros. Se llama Coiba, es Patrimonio Mundial de la UNESCO, y debajo de su superficie ocurre lo que ya casi no ocurre en ningún mar. Décadas de aislamiento dejaron intacto lo que en otros destinos se perdió: arrecifes enteros, cardúmenes que oscurecen el agua, tiburones, mantas, tortugas, y según la temporada, los gigantes: ballenas jorobadas que llegan a parir a estas aguas. Durante un día completo bucearás los puntos más privilegiados del parque con guías que conocen cada bajo y cada corriente. Entre inmersión e inmersión, un almuerzo en una de sus islas, servido con el nivel de detalle que un día así merece: descalzo en la arena, pero sin renunciar a nada. Coiba no es un destino de buceo más. Es lo que el buceo era antes de que el mundo lo descubriera.